viernes, 12 de diciembre de 2014

CANTO DE DESAGRAVIO A FEDERICO GARCÍA LORCA




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Vivo que te quiero vivo
sobre el olivo asustado,
no a dos metros bajo tierra
ni por la tinta enterrado.

Tu pelo es la noche negra
de Nueva York y los charcos
donde palomas sin paz
beben los mares sin barcos.

Tu frente es la arena amarga
del coso triste en que Ignacio
derramó su sangre hermosa
por el tiempo sin descanso.

Tus cejas, los dos caminos
que de pronto se cerraron
muy cerca de tu Granada,
de sus patios, que lloraron:
uno el camino del fuego,
otro el camino del canto,
y los dos como dos cauces
de dos ríos hechos llanto.

Tus ojos son dos mañanas
con dos soles sin candados
que alumbran las sombras solas
de muertos enamorados.

Tus orejas, caracolas
donde cantan mil veranos
mientras llora la guitarra
y palmean los gitanos,
laberintos de sonidos
donde se besan los sayos
y explotan cientos de frutas
y relinchos de caballos.

Tu nariz, abierto aljibe
para el amor y el abrazo
y para el ácido triste
que derrama el navajazo.

Y cuando llego a tu boca
para cerrar este canto,
sé de pronto que te has muerto,
como te quiere el espanto
de los que alzaron su nombre
a fuerza de estar nombrando
tu nombre, gran Federico,
tu nombre siempre cantando.

Vivo que te quiero vivo
sobre el olivo serrano,
vivo siempre, fiel poeta,
vivo siempre, fiel hermano.

Por eso canto tu boca
sin mordazas ni cuidados
y las palabras calientes
que brotaron sin candados:
“Nunca os dejéis dominar
por la voz de los balazos,
por el odio, por la envidia,
por los duros salivazos.
Porque la vida es justicia
y los hombres son hermanos.
Porque la verdad florece
en corazones humanos.”

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