lunes, 23 de marzo de 2015

VARIACIONES DE UN POEMA ANTIGUO



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I
En otro tiempo de agua ya vivida
invitaba a la gente en primavera
a que saliera al campo y aspirara
los aromas que brotan de la tierra
y el aire en faldas gráciles transporta;
son puras esperanzas, ganas nuevas
de vivir libremente, abrir el alma
a esa luz renovada que nos llega.

II
Yo vengo ahora del campo y traigo flores
de rincones donde antes hubo ausencias,
sólo tierra callada, tierra humilde
que esperaba también su primavera.
Y yemas inflamadas de futuro
que el invierno tapió de honda tristeza.
Yo vengo ahora del campo y traigo nuevos
latidos que son ya existencias nuevas.

III
Sube la primavera lentamente
por las húmedas gradas de la tierra,
por las raíces engendradoramente…
Y baja por la cálida escalera
del aire luminosa, libremente
con todo su esplendor de canto y siembra.
Y llega hasta nosotros de repente,
como una generosa bruja buena.
  
IV
Primavera: fecundidad y asombro,
humanidad solemne de la tierra.
Trueno repentino, impetuosa lluvia,
súbito sol y viento sin cadenas,
del alto chopo pasmo tembloroso
y cálida emoción de la hoja nueva
al verse de repente en el paisaje
llena de luz y de esperanza llena.

V
Eres, marzo, primavera y nido,
ave migratoria y volandera,
vellón de lana de merino anclado
en ramas de una zarza mañanera.
Eres, marzo, silente crecimiento
y estallido de rosas en las huertas.
Eres en fin la cálida esperanza,
el alma del aroma insatisfecha...

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VI
Si puedes, sal al campo. Espera todo
desnudo desde el cielo hasta la tierra,
desnudo y perfumado, como un niño
que acaba de nacer en primavera.
Recorre los senderos, sube al monte,
desciende hasta el rumor de la riera.
Y déjate abrazar por esta brisa
que sabe a corazón y a luz materna.

VII
Si puedes, sal al campo y en tus manos
recoge amante un buen montón de tierra
y goza con su tacto: alienta en él
calor de altas raíces, luz de siembra.
Escucha atentamente los mil cantos
de pájaros alegres que ahora sueñan
después de haber estado tanto tiempo
callados y escondidos en la ausencia.

VIII
Si puedes, sal al campo, ya es la hora.
No tienes que hacer nada. Sólo observa
cómo las yemas de la vida estallan
en brillantes, limpísimas hojuelas.
Obsérvate a ti mismo, rodeado
de una luz especial, de una existencia
especial, animada y religiosa,
brotada de la joven primavera.

IX
Tu nombre, abril, campanillea alegre,
se alboroza en un júbilo de fiesta
y en aire perfumado que anda libre
entre las mansas flores de la huerta.
Pero también, abril, tu nombre llora
a lágrima tendida en la tormenta,
porque eres a la vez mes de la cuna
y de la sepultura siempre abierta.  

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 X
Desfila por las calles retorcidas
de las ciudades castellanas viejas
el cuerpo derrotado del Yacente
entre velones de llorosa cera.
Le acompañan en fríos adoquines
descalzos pies y roces de madera,
mientras suenan sollozos de tambores
y plegarias bajo la noche negra.

XI
Pero en ti la luz, abril, sigue a la sombra.
Y la espiga junto a las flores muertas
bien viva se levanta. Dios de nuevo
está por todas partes con su fiesta
de brillos y pujanzas; vuela el aire
en música de amor por las florestas.
Todo está en ti, abril adolescente:
pena y asombro, júbilo y condena.

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